El diputado Octavio Martínez Vargas es un ilustre hijo de los Chuchos, la corriente dentro del partido del Sol Azteca que privilegio alcanzar el poder por el poder por encima de principios básicos como la honestidad y la coherencia. En esta ocasión se ha aliado con una integrante de Antorcha Campesina, que despechada porque el PRI no le cumplió lo pactado, fue cobijada por el diputado Martínez en el PRD de Ecatepec, de la misma manera que cuando Eruviel Ávila quería ser candidato a gobernador y el PRI lo ignoraba, le ofreció ser candidato si el partido tricolor no lo postulaba.
La misma conducta que llevó a los Chuchos a apoyar al José Luid Abarca como presidente municipal de Iguala (pragmatismo, beneficio inmediato) llevó al diputado local perredista a cobijar a la regidora de Antorcha en su partido. El arreglo fue que pondría a su disposición la clientela antorchista para hacerse de la presidencia municipal de Ecatepec.
Mañana veremos marchar a aproximadamente 4 mil personas, que es el padrón clientelar aproximado de ambos personajes filopriistas. Veremos a los medios locales maiceados con el dinero del Congreso estatal, cantar loas sobre la movilización y difundir el mensaje de prócer de cepa tricolor, pues no sólo su hermano es actualmente regidor del PRI en Ecatepec, sino que también comparte la práctica del acarreo y la compra de votos, su padrón lo integran principalmente amas de casa y personas de la tercera edad a las que cada semana transporta a sus locales de la Central de Abastos (con dinero de la diputación en el combustible) o sea que negocio redondo familiar, el diputado les vende verduras y su hermano le vende al municipio las verduras que reparte en las canastas alimentarias.
Desde su posición en el Congreso no cuestiona la ineptitud de su amigo Eruviel, básicamente es un priista disputándole el poder a los priistas institucionalizados. Es una pena que las tribus perredistas hayan sido compradas por este mediocre personaje, que no tiene visión de estadista sino solo de político oportunista y comprador de votos.
Como ciudadanos conscientes nos deberíamos sentir ofendidos de que personajes como el diputado Martínez Vargas, nos considere tan estúpidos como para caer en su juego oportunista que lucra con el dolor de las familias que hemos sido golpeadas por la delincuencia y crea que con acarreo y publicidad podrá eregirse como paladín de la justicia y la lucha contra la corrupción, cuando su conducta muestra una práctica no similar, sino idéntica al PRI que dice combatir.
No dejemos que nos impongan gobernantes, a través de la construcción artificial de candidaturas, mediante la falsa imagen de luchadores sociales.